El desarrollo de proyectos energéticos no depende únicamente de su viabilidad técnica, económica o jurídica. En la práctica, la forma en la que un proyecto se relaciona con el territorio en el que se implanta condiciona de manera directa su desarrollo.
La implantación de este tipo de infraestructuras puede dar lugar a situaciones de conflicto en el territorio, relacionadas con el uso del suelo, la percepción de impactos o las expectativas socioeconómicas. La falta de análisis previo de estos factores incrementa el riesgo del proyecto y puede afectar a su desarrollo y a su capacidad de implantación
En paralelo, se está consolidando una tendencia clara en distintos países europeos: la incorporación de instrumentos que buscan implicar de forma más directa a los habitantes del territorio en el desarrollo de los proyectos energéticos. Esta participación no se limita a los procedimientos formales de información pública, sino que incluye mecanismos como la participación económica en los proyectos, el desarrollo de comunidades energéticas, la creación de fondos locales o la exigencia de retornos directos para el territorio.
Este tipo de instrumentos responde a una idea cada vez más asumida: la aceptación social no se construye únicamente a través de la información, sino también mediante la participación real y el reparto de beneficios. En consecuencia, la dimensión social deja de ser un aspecto accesorio para convertirse en un elemento a tener en cuenta en la planificación de los proyectos.
En España, esta línea se concreta en el Real Decreto-ley 7/2026, por el que se aprueba el Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio, que introduce mecanismos orientados a compatibilizar el despliegue energético con las necesidades del territorio. Entre ellos se encuentran la incorporación de criterios de integración social, territorial y ambiental, así como el desarrollo de estándares o sellos de excelencia vinculados a la aceptación y al impacto local de los proyectos.
Este marco se está desarrollando a través de distintas consultas públicas impulsadas por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en las que se abordan cuestiones relacionadas con la integración territorial, los criterios sociales o el retorno de beneficios a las comunidades locales. A nivel autonómico, iniciativas como las promovidas por la Junta de Andalucía apuntan en la misma dirección, incorporando estos elementos en la planificación energética.
En este contexto, la denominada “licencia social para operar” adquiere un peso creciente. Tradicionalmente, no se ha configurado como un requisito jurídico formal, sino como un proceso voluntario vinculado al grado de aceptación, confianza y legitimidad que un proyecto genera en el territorio.
Sin embargo, el marco introducido por el Real Decreto-ley 7/2026 supone un avance en esta materia, al incorporar instrumentos que permiten reconocer y, en determinados casos, acreditar el nivel de integración social y territorial de los proyectos. De este modo, la dimensión social comienza a adquirir una configuración más estructurada, susceptible de ser evaluada a través de estándares o criterios específicos, aunque su aplicación siga teniendo carácter voluntario. Esto supone un cambio relevante, ya que la integración social deja de ser un elemento implícito para empezar a configurarse como un criterio explícito en el desarrollo de los proyectos.
Funpasos ofrece un servicio específico de análisis de viabilidad social de proyectos energéticos, orientado a apoyar a promotores e inversores en este contexto. Este servicio combina el análisis territorial y social, la identificación de riesgos y oportunidades y el diseño de estrategias de integración adaptadas a cada proyecto.
La evolución normativa y la práctica del sector apuntan hacia una misma dirección: la necesidad de incorporar la dimensión social y territorial en el desarrollo de los proyectos energéticos. En este escenario, el análisis de la viabilidad social permite reducir incertidumbre, gestionar riesgos y mejorar las condiciones en las que los proyectos se desarrollan.

