Viabilidad social de los proyectos fotovoltaicos: lo que hemos aprendido trabajando en el territorio

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En los últimos años, desde FUNPASOS hemos trabajado acompañando a empresas promotoras de energías renovables en diferentes territorios y comunidades autónomas, especialmente en proyectos fotovoltaicos. Y si hay algo que hemos aprendido durante este tiempo es que la viabilidad social de un proyecto depende, sobre todo, de cómo se relaciona con el territorio, y no únicamente de su tramitación ambiental o de su capacidad técnica y económica.

Muchas veces se habla de la “licencia social para operar” como un concepto abstracto o vinculado únicamente a la comunicación corporativa. Sin embargo, en la práctica, tiene mucho más que ver con la capacidad de escuchar, comprender las dinámicas locales y construir relaciones de confianza. Desde FUNPASOS hemos participado en procesos de escucha y diálogo territorial vinculados a proyectos renovables, trabajando con  la población local, entidades sociales, Administraciones Públicas, sector agroganadero y otros actores del territorio. Nuestro trabajo ha consistido, principalmente, en ayudar a comprender cómo perciben las comunidades estos proyectos, qué preocupaciones existen realmente y qué estrategias pueden mejorar su integración territorial y crear valor compartido.  La experiencia nos demuestra que, en la mayoría de los casos, el problema no es la energía renovable en sí. El problema aparece cuando los proyectos se perciben como ajenos al territorio, cuando existe sensación de falta de información, escasa participación o ausencia de beneficios reales para la población local.

En Extremadura estamos viviendo una transformación territorial muy importante ligada al desarrollo fotovoltaico. La llegada masiva de proyectos ha generado oportunidades económicas, inversión y actividad, pero también dudas y tensiones relacionadas con el uso del suelo, el paisaje, la actividad agraria o el modelo de desarrollo rural. En el marco del proyecto Pastoreo FV hemos trabajado precisamente en analizar cómo percibe la población este tipo de instalaciones y qué factores influyen en su aceptación social. Los resultados obtenidos son especialmente interesantes porque ayudan a entender qué está ocurriendo actualmente en muchos territorios rurales. Uno de los aspectos más relevantes es que la percepción general sobre las plantas solares fotovoltaicas aparece como moderada. Existe reconocimiento de algunos beneficios económicos y ambientales, especialmente relacionados con ingresos municipales o generación de actividad, pero también bastante escepticismo sobre su impacto real en el desarrollo rural o en la lucha contra la despoblación.  En los procesos de entrevistas y escucha realizados durante el proyecto aparecieron de forma recurrente varias preocupaciones: la pérdida de suelo agrario, la percepción de modelos “extractivos” poco conectados con el territorio, a escasa participación social,  la falta de información clara, o la sensación de que gran parte del valor económico generado no permanece en el entorno local. Sin embargo, también observamos algo importante: la percepción cambia cuando el proyecto incorpora elementos de integración territorial reales. Escuchar e integrar al territorio cambia la percepción social

En los proyectos donde existe escucha activa, presencia en el territorio y voluntad de incorporar medidas compatibles con las dinámicas rurales, el nivel de aceptación social mejora claramente. Y esto no tiene que ver únicamente con celebrar reuniones informativas. Tiene que ver con identificar preocupaciones antes de que se conviertan en conflicto, generar espacios de participación y demostrar que el proyecto puede aportar valor más allá de la producción energética.

Nuestra experiencia trabajando con proyectos renovables nos ha permitido comprobar que muchas situaciones de tensión social podrían evitarse si el diálogo territorial comenzara en fases más tempranas. Porque, en realidad, la mayoría de las comunidades no piden paralizar la transición energética. Lo que reclaman es participar en cómo se desarrolla esa transición en su territorio.

Uno de los resultados más interesantes del proyecto Pastoreo FV ha sido comprobar cómo la integración de usos agroganaderos dentro de las plantas fotovoltaicas mejora significativamente la percepción social. El modelo agrovoltaico vinculado al pastoreo regenerativo obtuvo un nivel de aceptación social muy elevado, alcanzando una valoración media de 7,85 sobre 10. Además, más del 78% de las personas encuestadas consideraron que este modelo podría replicarse en otras instalaciones fotovoltaicas. Esto demuestra algo importante: cuando las plantas fotovoltaicas dejan de percibirse como espacios cerrados y desconectados del entorno y pasan a integrarse en actividades ligadas al territorio, la percepción social mejora. La compatibilidad con la ganadería extensiva, la gestión de la biodiversidad, la generación de actividad económica local o la creación de oportunidades vinculadas al medio rural ayudan a construir proyectos mejor aceptados socialmente.