El pasado 12 de agosto, la Península Ibérica vivió un acontecimiento astronómico histórico: un eclipse solar total que no se presenciaba en nuestro territorio desde hacía más de un siglo. Más allá del espectáculo visual, el fenómeno ofreció un escenario inédito para evaluar las reacciones de la fauna. Tras el evento, diversas investigaciones a posteriori han arrojado datos precisos sobre cómo la alteración de la luz y la temperatura impactó en el comportamiento animal.
Un estudio de las Universidades de Zaragoza y Salamanca, dirigido por Alfonso Abecia (IUCA), monitorizó mediante acelerómetros y biologgers a más de una treintena de animales de granja en Zaragoza, Burgos y Teruel. Los datos revelaron una caída del 40% en la actividad del rebaño ovino durante la totalidad del eclipse y un adelanto de hasta 60 minutos en la rutina nocturna de las gallinas. No obstante, las respuestas fisiológicas demostraron que no se trata de una simple confusión con la noche: mientras unos ejemplares ralentizaban su ritmo cardíaco, otros mostraron picos de estrés, como por ejemplo, una burra en el Humedal del Cañizar cuyos latidos pasaron de 46 a más de 60 por minuto.
De forma paralela, las observaciones de campo y grabaciones del naturalista Javier García en bosques de Ávila constataron que el «atardecer repentino» desorientó a la fauna silvestre. Especies nocturnas como murciélagos, grillos y chotacabras adelantaron su actividad hora y media, mientras aves urbanas y forestales regresaban apresuradamente a sus refugios.
Desde FUNPASOS apostamos por apoyar la investigación científica y la observación de campo para profundizar en la etología y los ritmos circadianos. Comprender las respuestas del ganado y la fauna silvestre ante anomalías extremas resulta clave para avanzar en el bienestar animal y en una gestión territorial que respete los equilibrios de nuestro medio rural

