Hoy, 29 de septiembre, se celebra la 7.ª edición del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, impulsado por la ONU para visibilizar una problemática con graves repercusiones éticas, económicas y ambientales. Según la FAO, un tercio de la producción mundial de alimentos no llega a consumirse, mientras cerca de 700 millones de personas padecen hambre. Este despilfarro genera alrededor del 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y degrada recursos vitales como la tierra y el agua.
En España, los datos del Ministerio de Agricultura (MAPA) muestran una consolidación en la tendencia de reducción: desde 2020, el desperdicio en los hogares se ha recortado un 19,2 %. No obstante, la cifra anual sigue siendo alarmante: 1.129,9 millones de kilos o litros desechados, lo que equivale a unos 24 kilos por persona al año y representa un coste económico superior a los 4.700 millones de euros.
Para hacer frente a esta situación, la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario —aprobada en 2025 y plenamente desplegada desde este año— marca un marco normativo clave. La ley obliga a los agentes de la cadena a contar con planes de prevención y priorizar la donación de excedentes a entidades sociales. Sin embargo, abordar este reto exige actuar también desde el origen y en los hogares, planificando compras, ajustando raciones y valorizando cada recurso.
Desde In FUNPASOS reafirmamos nuestro compromiso con el sector primario y la sostenibilidad del medio rural. El verdadero valor de los alimentos reside en el esfuerzo del sector agrícola y ganadero, y en la tierra que los produce. Prevenir el desperdicio alimentario no es solo una medida de ahorro, sino un deber ético y una herramienta fundamental para proteger la biodiversidad y garantizar la seguridad alimentaria de las futuras generaciones.
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