El pasado 17 de octubre se conmemoró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1992 que invita a renovar el compromiso global con la justicia social y la garantía de derechos.
Los análisis difundidos en el marco de esta jornada han vuelto a poner de manifiesto que superar la pobreza es una cuestión de dignidad e inclusión que trasciende la dimensión puramente económica. La pobreza constituye un fenómeno multidimensional que abarca la falta de capacidades y el acceso desigual a servicios esenciales como la salud, la educación, la vivienda o la representación política. Este planteamiento concuerda con el marco global de la Agenda 2030 de la ONU, que situó la erradicación de la pobreza en todas sus formas como el primero de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 1).
En esta edición, la comunidad internacional ha hecho un hincapié especial en la protección y el apoyo a las familias en situación de vulnerabilidad, señalando la necesidad de transformar los servicios de atención pública para eliminar estigmas y barreras institucionales. Se subraya, asimismo, la importancia de garantizar la participación activa e informada de las personas afectadas en el diseño de las soluciones y políticas que les conciernen.
Desde la perspectiva de FUNPASOS, la erradicación de la pobreza y la garantía de los derechos fundamentales constituyen premisas indivisibles de la cohesión territorial. El fortalecimiento de las estructuras públicas de apoyo y la equidad social resultan indispensables para consolidar sociedades unidas, resilientes y con futuro.

